Archivos mensuales: Enero 2010

Mantener el nivel de motivación y compromiso en tiempos difíciles: “cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana”.

En estos tiempos que corren, y con la coyuntura actual, todos nos estamos enfrentando, en mayor o menor medida, a las dificultades. Algunos sólo ven mermar sus beneficios. Otros ven cómo el vecino de al lado es “víctima” de un ERE. Otros ven, con impotencia, cómo se desmonta lo construido durante años de esfuerzos. Otros se han salvado milagrosamente, pero ya han sido capturados por el miedo a perder. Otros creen, todavía, que las cosas mejorarán antes de que les toque sufrir, y se dan el lujo de “hacerse los ciegos”.
En mayor o menor medida, más de cerca o más de lejos, todos estamos vislumbrando como “el hambre entra por la puerta”, como se acercan o ya tenemos serias dificultades para garantizar la supervivencia. Aparentemente, tenemos a nuestra disposición gran cantidad de información acerca de las palancas que podemos utilizar para mantenernos. Los discursos de los gurús se han llenado de “fórmulas mágicas” que nos ayudarán a capear la crisis: excelencia para sobrevivir, liderazgo para sobrevivir, métodos para sobrevivir, y podríamos citar un largo etcétera.
La realidad es que nadie, ni los que saben mucho, tenemos una perspectiva clara de hasta dónde podemos llegar a descender, cada uno desde dónde esté, o de cuáles de las medidas que tomamos nos encaminan o no hacia la resistencia. Esto es debido a que hace muchos años que la sociedad no se enfrenta a una crisis como ésta, que ha atacado duramente a los cimientos del sistema en el que hemos basado el crecimiento de las últimas décadas.
En este contexto, se hace imprescindible regresar a los valores históricos, a los que resultaban eficientes antes de que nos creyésemos que nuestra capacidad de generar riqueza no tenía límites. Es preciso volver a sustentarse en los valores que han aportado soluciones en tiempos de escasez, que muchos ni recuerdan.
Yo aún puedo recordar a mi madre haciendo muchos números para que el sueldo de mando intermedio de mi padre diese para sacar adelante a una familia con cuatro adolescentes. He esperado con ilusión a que mi hermano mayor se cansase de unos tejanos para heredarlos, y he dado montones de horas de clases de repaso para ahorrar para unos zapatos. Pero lo que entonces parecía normal (compartir recursos escasos, asumir la frustración, asumir responsabilidad sobre el bien común, sobrecargarse de trabajo para contribuir) hoy se nos aparece como algo injusto, que seguramente es culpa de otros, y que nos obliga a sufrir “por su culpa”. Es en ese punto donde “el amor sale por la ventana”.
Si la motivación y el compromiso de todos los que estamos implicados en un mismo barco es difícil de mantener en época de “vacas gordas”, ¿cómo no será ahora de difícil, cuando sobrevivir es un auténtico reto?
El amor sale por la ventana cuando olvidamos que la supervivencia es responsabilidad de todos los implicados. Cuando empezamos a mirar al otro al microscopio para encontrar qué ha hecho para contribuir a nuestras actuales dificultades, pero olvidamos reflexionar acerca de nuestros propios errores. Cuando empezamos a pensar que mejor dividimos la atención por si las cosas acaban mal, así tendremos un plan B, en vez de concentrarnos en resolver. Cuando empezamos a aflojar el nivel de esfuerzo porque, total, hagamos lo que hagamos los resultados no dependen sólo de nosotros.
El gran reto está en evitar que “el amor salga por la ventana” cuando las dificultades se acercan. Pero, ¿Cómo? Es en este punto donde debemos plantearnos volver a poner “de moda” el concepto de “administración de recursos escasos” que, recordémoslo, es el principio de Economía. Es el momento de resucitar comportamientos que creíamos que ya no eran necesarios tales como asumir nuestra parte de responsabilidad en la contribución a los resultados, asumir la precariedad no como una enfermedad sino como parte de nuestro entorno, asumir la necesidad de compartir, heredar, aportar, reflexionar, estrecharnos, ser generosos desde la escasez, etc.