Archivo de la etiqueta: emprender

Aprendizaje, acompañamiento y gestión del conocimiento

Según AlAcompañamiento aprendizajevin Toffler, los analfabetos del siglo XXI no serán los que no sepan leer y escribir, sino los que no puedan aprender, desaprender y reaprender.

Un analfabeto será el que no sepa dónde ir a buscar la información que requiere en un momento dado para resolver un problema concreto.

La persona formada no lo será a base de conocimientos inamovibles que posea en su mente, sino en función de sus capacidades para conocer lo que precise en cada momento. La tecnología está quitando el poder a los editores, los medios de comunicación, la élite mediática.

Ahora es la gente quien tiene el poder.

En los últimos años, hemos pasado de modelos basados en la transmisión del conocimiento al aprendizaje autónomo; de ahí al aprendizaje colaborativo, e-learning, blended learning, social learning…modelosd cada vez menos directivos, más participativos y más apoyados en la tecnología. Hemos pasado del Plan de Formación al Entorno Personal de Aprendizaje, del E/Blended learning a la Gestión del Conocimiento.

Ahora, el contenido es el  Rey. El verdadero reto reside en crear comunidades educativas activas y productivas, gestionadas y lideradas por expertos.

Los educadores deben evolucionar, pascomunidad 2ando a convertirse en líderes de entornos de aprendizaje. Llega pisando fuerte el vocablo “curator”, como líder y gestor de los nuevos entornos educativos.

Business Lab T&V es nuestra comunidad educativa, desde la que estamos creando un espacio de aprendizaje y acompañamiento continuo. Trabajamos con nuestros alumnos/usuarios/clientes en su desarrollo profesional, desde una perspectiva eminentemente práctica.

¿Quieres saber más? Contacta con nosotros

businesslab@talentandvalue.es

 

 

LA PROCEDENCIA DEL DINERO DE LAS SUBVENCIONES Y PROGRAMAS (II de III). LAS AYUDAS A LA INNOVACION Y LA I+D

procedencia del dinero 2-3Si en la primera parte de esta serie de artículos hablábamos de las zonas objetivo de la UE y de la procedencia de los fondos destinados a ayudas públicas, hoy nos centraremos en las subvenciones a nivel Unión Europea, nacional y autonómica de las ayudas a la innovación y la investigación y desarrollo.

No vamos a enunciar todos los programas destinados a las empresas, sino que nos centraremos en tres líneas, a saber, el programa Horizon 2020, el CDTI y los programas que yo llamo núcleos colaborativos.

El programa Horizon 2020 es el programa que financia proyectos de investigación e innovación de diversas áreas temáticas en el contexto europeo, contando con casi 80.000M€ para el periodo 2014-2020.

Pueden participar en él investigadores, empresas, centros tecnológicos y entidades públicas. Existe La Guía del Participante en Horizonte 2020 que permite tener información general de H2020 y sobre el proceso de participación.

Este programa es el substituto de los programas Marco de la UE y que como en éstos, el sistema de participación es en la mayoría de casos colaborativo de manera internacional, es decir, varias empresas o instituciones de varios países con un proyecto común.

Los proyectos son en su mayoría de I+D en muchos casos de investigación preindustrial y desarrollo de soluciones.

En España existe una entidad principal que gestiona las ayudas a las empresas en el campo de la innovación, que es el CDTI.

Aparte de servir de puente para acceder a ayudas internacionales, dispone de programas propios para financiación de proyectos, principalmente destinados a:

Proyectos empresariales de carácter aplicado que tienen por objeto la creación y mejora significativa de un proceso, producto o servicio, pudiendo comprender actividades de investigación industrial y desarrollo experimental

Financiación de grandes proyectos de investigación industrial y desarrollo experimental, de carácter estratégico y gran dimensión.

Subvenciones mediante convocatoria para la realización de proyectos integrados de desarrollo experimental.

Y finalmente tenemos a las Comunidades Autónomas, que disponen de fondos (normalmente provenientes de Feder) para financiar proyectos de innovación muy cercanos al mercado.

Estos fondos normalmente se distribuyen en empresas que participan de manera colaborativa en un proyecto dentro de un clúster para desarrollar productos o aplicaciones que posteriormente se comercializarán.

También disponen de fondos para proyectos individuales de innovación en productos o servicios, tanto en financiación como en asesoramiento.

En el último artículo de esta serie hablaremos de la financiación de proyectos de crecimiento, internacionalización y formación.

 

De la idea a la realidad: ¿Por qué se quedan en el camino tantas grandes ideas?

Tener una buena idea no es fácil…pero más difícil aún es hacerla realidad. O al menos eso es lo que piensa la mayoría. Y no deben andar muy equivocados. Las cifras son categóricas: el 90% de los nuevos proyectos empresariales fracasan antes de 5 años.

Muchos son los factores que influyen en ese elevado ratio de fracasos. Sin embargo, y siempre según nuestro punto de vista, uno de los factores que más impacto tiene es no saber superar las dificultades para materializar la idea en acciones concretas.

Es importante comprender que una gran idea por sí misma no vale nada. Todo se trata de la ejecución. Si no eres capaz de traducir esa idea a acciones, priorizadas y planificadas en el tiempo, de evaluar los recursos de todo tipo que necesitarás para llevarla a cabo, y si no te sientes cómodo tomando decisiones importantes y riesgos, es muy probable que seas un buen “creador de ideas sin futuro”.

Ahora bien, metodología, autodisciplina, ganas de aprender y un buen acompañamiento pueden cambiar totalmente este escenario poco alentador.

Te dejamos unos sencillos trucos para elaborar un buen plan de acción:

  1.  Identificar todas las acciones necesarias para que tu idea se haga realidad
  2.  Analizar su impacto y el esfuerzo que requiere cada una de ellas
  3.  Priorizarlas
  4. Estructurarlas por temas y ponerlas en un calendario
  5. Añadir las variables ¿Quién? y ¿Cómo?

Y, desde luego, empezar a “hacer” y establecer una buena dinámica de seguimiento.

plan de acción

¿Te interesa saber más? ¿Te gustaría practicar en un entorno controlado?

¡No te pierdas nuestro workshop monográfico sobre el tema!

Compra tu entrada por sólo 10€

Cómo trabajar las características de mi negocio desde la perspectiva del cliente

logo TV solo_50%

Introducción

  • A principios de la década del 2000, Fred Crawford y Ryan Mathews publicaron su libro “El mito de la Excelencia”, que representó un auténtico boom en el mundo de los negocios y la estrategia empresarial.
  • Durante los años 90, las empresas estuvieron siguiendo una corriente que impulsaba a ser “los mejores en todo”, y que los abocaba a la frustración y la casi imposibilidad de implantar sus estrategias.
  • Tomando como base varios estudios de intereses y valores de consumidores, Crawford y Mathews demostraron que los clientes tienden, cada vez más, a valorar sus “proveedores” en base a los valores humanos a los que ellos mismos dan importancia en su día a día.
  • En definitiva, los estudios hacían patenteza la importancia que están adquiriendo los valores humanos en la valoración que hacen los clientes respecto su nivel de satisfacción al hacer una compra.
  • Ante las presiones y los movimientos naturales de los mercados, las necesidades de los clientes van cambiando:
    • Asediados por un ataque constante por parte de los medios de comunicación, los clientes buscan fortalecer y hacer patentes sus propios valores.
    • Confundidos por un creciente número de opciones, los clientes luchan por la satisfacción sencilla
    • Cansados por un ritmo de vida que escapa de control en forma acelerada, buscan la forma de adaptarse.
    • A menudo, las empresas no se han percatado de estos cambios, y siguen utilizando los métodos tradicionales, que ya han sido probados. Tratan a los clientes como “órdenes de compra humanas”, en lugar de como seres humanos. El ejemplo típico es lo del vendedor de coches, que se esfuerza para convencer al cliente de que necesita un vehículo muy superior al que en realidad le hace falta realmente.
    • Lo que las empresas, negocios y comercios necesitan, es adoptar una cultura que reivindique la relevancia del cliente, basada en:
      • Considerar los valores humanos como un factor competitivo fundamental
      • Desarrollar los valores y atributos comerciales fundamentados en los valores humanos de los clientes (garantizando así la coherencia)
      • Comprender que “los valores” son más importantes que “el valor”

Los nuevos valores del consumidor

  • Precio versus valor:
    • el cliente, a pesar de la creencia general, no valora por encima de todo “el precio más bajo”. El que valora es obtener un equilibrio adecuado entre lo que ha pagado y el producto/servicio que ha recibido. Es decir, se estima más “un precio justo” que “el precio más bajo”.
    • Este último punto está evolucionando rápidamente a medida que la crisis hace estragos en las economías domésticas, y a menudo el cliente percibe el citado equilibrio bajo un prisma que pone en peligro la rentabilidad de los productos. Es decir, percibe el equilibrio cuando puede acceder a un producto de calidad superior a un precio muy bajo. En cualquier caso, los niveles de exigencia de los consumidores a este respeto se están incrementando considerablemente
  • Servicio versus “palabrería”:
    • Las empresas acostumbran a “llenarse la boca” respeto la calidad y valor de sus productos, y a veces olvidan que a menudo, para el cliente, lo importante son las cuestiones más básicas
  • La accesibilidad lo es todo.
    • Nadie quiere visitar una empresa o comercio salvo que esté seguro que se cumplirán sus expectativas: el exceso de opciones genera barreras
  • Se aprecia la intimidad:
    • Las personas buscan cortesía, respeto y comunicación. Garantizar que se siente tratado en esta línea será uno de los pilares fundamentales
  • Lo mejor no es suficiente:
    • Los clientes no compran “el mejor”, sino aquello que mejor se ajusta a su esquema de valores

La teoría es muy interesante, pero… ¿cómo traducir estos mensajes al día a día de nuestro negocio?

Podemos aplicar una metodología que nos ayude a identificar el posicionamiento de nuestro negocio o comercio en función de 5 atributos:

  1. Accesibilidad
  2. Experiencia
  3. Precio
  4. Producto
  5. Servicio

  • Esta metodología nos permite definir los niveles de calidad valorados, observados y/o deseados para los cinco atributos.
  • Existen diversas herramientas que nos pueden ayudar a obtener la información anteriormente mencionada.
  • Sobre la base de la información recopilada, podremos realizar nuestro propio diagnóstico y posteriormente el correspondiente plan de acción.

Si quieres saber más sobre este u otros temas, contacta con nosotros

www.talentandvalue.es

jugando a establecer alianzas: pactar, confiar, descubrir, aprender y hasta reirse

Una de las cosas que uno se plantea cuando no tiene nada más que lo que está en su cabeza para salir al mercado, es la conveniencia de “ir de la mano de alguien”. Uno se hace toda suerte de razonamientos con mucho fuste para autoconvencerse de que es una decisión estrictamente profesional y estratégica.

La realidad, desde el punto de vista psicológico, es muy otra. La cruda realidad, y aunque cuesta mucho reconocerlo, es que esto del “emprendedorismo” da un miedo de narices. Y uno se mete pero en el fondo, allí en el rincón del subsótano tres a la izquierda del subconsciente, uno no cree ser lo bastante bueno, lo bastante conocido, lo bastante comercial o lo bastante fuerte para hacerlo solo. Así que uno empieza a buscar lo que en nuestro entorno se llaman “alianzas estratégicas”.

La aventura de buscar partnerts tiene un componente racional, otro de conveniencia y cómo no, otro de intuitivo y/o emocional. Tropiezas con alguien con quien hay algún tipo de sinergia profesional, valoras la conveniencia de “hacer algo juntos”, y tu intuición te suele decir si esa alianza te apetece o no.

A mí, para decir la verdad, me gusta sobre todo establecer alianzas en aquellos casos en los que mis tripas no protestan. La experiencia me ha demostrado que, si las tripas protestan en los primeros encuentros y/o conversaciones, el acuerdo de turno acaba por convertirse en una pesadez, y eso sólo en el mejor de los casos. Otras veces acaba por convertirse en una auténtica pesadilla, cuando no termina cómo esas discusiones barriobajeras de mujerucas en un mercado abarrotado.

La primera experiencia, a los pocos meses de estar trabajando por mi cuenta, la tuve con una ex colega de trabajo que se subió al carro de mi recién estrenado negociete con la excusa de que teníamos un intermediario común con el que se llevaba fatal. El susodicho se nos llevaba el ochenta por ciento de los beneficios de los trabajos realizados sin pegar ni golpe, simplemente porque él era quién conocía al cliente desde antes.

Una de las cosas que pasa en este oficio es que los clientes son como los juguetes para los bebés: ¡MIO! Aquí cuenta poco si sabes o no hacer las cosas. Para eso se inventó la subcontratación. Si tienes un cliente, como Golum, tienes TU TESORO.

Así las cosas, me propuso hablar con el cliente y darle la oportunidad de decidir. Y nos salió bien, porque el cliente decidió quedarse con nosotras, y dejar de pagar el “impuesto revolucionario”.

Enseguida surgieron algunas pequeñas dificultades. La moza en cuestión andaba teóricamente de año sabático. Al parecer, nuestra anterior vida de corderitos de multinacional la había dejado tan exhausta que necesitaba unas merecidas y largas vacaciones.

Esto ya debió poner en marcha a mis tripas, levantar algún tipo de alarma. Esto de emprender es duro, y para ponerse en serio es una buena condición la necesidad de ganarse la vida. De otro modo, la tentación de adoptar actitudes poco emprendedoras es demasiado grande y constante. Pero ya he comentado antes que la soledad es muy mala, y si mis tripas me dijeron algo yo opté por no hacerles ni caso.

Volviendo a lo que íbamos, como la moza estaba de año sabático, decidió que sólo quería trabajar a un máximo del cincuenta por ciento de ocupación, y en labores de organización y control del negocio. Así las cosas, una servidora trabajaba como una burra, la partner sólo a ratitos, y nos repartíamos los beneficios por mitades.

Debo decir en su favor que contribuyó considerablemente a la creación de lo que hoy es una de nuestras marcas.

La cosa es que un día se me ocurrió plantear la conveniencia de revisar los acuerdos: cada vez había más trabajo de producción y yo iba literalmente echando el bofe, y me parecía que se estaba generando una situación poco justa.

Valiente atrevimiento el mío. ¿Tratar de equilibrar las cosas?¿De dónde ma había yo sacado semejante idea? La broma acabó en un bufete de abogados.

No contenta con decidir que ese trato ya no le interesaba, mi partner decidió reclamarme la friolera de medio millón de euros en concepto de los beneficios futuros de la marca que habíamos creado juntas. Vale la pena aclarar al lector que estamos hablando de un momento en el que la facturación total del negocio ascendía a poco más de cincuenta mil euros.

Prefiero no contar los detalles de las últimas conversaciones que tuvimos, ya que rozan lo esperpéntico, por no hablar de cómo la “gente bien” (que lo era la señorita) pierde las formas en situaciones de desacuerdo.

Por suerte, las cosas no son siempre así.

Algunas veces tropiezas con personas que hacen honor a ese calificativo.

Actualmente, tengo por socio a otro ex colega de trabajo que tiene sentido de la justicia y de la equidad, que tiene un concepto similar al mío de lo que significa levantar un negocio, y al que enseñaron de pequeñito el significado de la ética y la honestidad.

En nuestra andadura de pequeños empresarios con voluntad de establecer alianzas, hemos visto cosas de todos los colores.

Gente que no tiene ni idea de qué va esto y se te acercan pretendiendo que les enseñes el oficio para ponerse a hacerte la competencia.

Gente que tiene alguna noción del oficio pero prefiere trabajar poco y sabe que de nuestra mano podrá recolgarse un poco.

Gente que pretenden crecer a nuestra sombra (tan corta, dicho sea de paso) y luego reprocharnos que no lo hacen lo bastante deprisa.

Gente que cree que sabe mucho más de lo que sabe en realidad.

Y, por suerte, alguna gente con la que podemos trabajar y en la que podemos confiar.

Aunque, desgraciadamente, debo decir que de entre todos creo que sólo se salvan unos.

Nosotros, tozudos, seguimos a la nuestra: aliarse, establecer acuerdos, pero eso sí: hacer perdurables sólo aquellos que nos demuestren que el que está del otro lado es persona, en el más estricto sentido de la acepción.

aventuras de un emprendedor en tiempos de crisis ética y económica

Hace cuatro años una desgraciada circunstancia me convirtió, por casualidad, como pasa con casi todas las cosas importantes de la vida, en emprendedora por obligación.

La historia no es, ni mucho menos, original. Sin embargo, la contaré para que el lector empiece a entender cómo la que suscribe llega hasta aquí y decide, en uno de tantos momentos de crisis de motivación, dejar constancia de sus vivencias en el apartado profesional de su vida.

Una servidora llegó a este mundo de la consultoría por casualidad y rebasada la treintena. Yo, de jovencita, lo que quería era ser psicóloga y, por supuesto, dedicarme a la clínica, y a ser posible a casos verdaderamente complejos.
Las circunstancias hicieron de las suyas y en primero de carrera me vi teniendo que dejarlo para ponerme a trabajar para contribuir a sacar adelante una de las primeras familias monoparentales de este país en evolución de todas clases. Así las cosas, la carrera se alargó unos cuantos años, y la distribuí como puede compaginándola con mis trabajos habituales.

En honor a la verdad, debo decir que, sin ser demasiado consciente de ello, le encontré el gusto a hacer bien mi trabajo, y a preocuparme por mejorar las cosas allí donde estaba. Esto me fue llevando a un progreso profesional que ni planificaba ni esperaba, pero sí fui capaz de aprovechar. En paralelo, a medida que la carrera avanzaba, y tan metida en el entorno empresarial, me dejó de interesar la psicología clínica y opté por lo que entonces se llamaba psicología industrial.

En un momento dado, empecé a hacer formación en habilidades directivas a empresas en calidad de free-lance. En esas lides andaba cuando me crucé en un hotel con un equipo de una consultora especializada en el tema, y el resto es historia: empecé a trabajar para ellos a tiempo parcial, me acabé incorporando a tiempo completo, sobreviví a dos fusiones, empecé a participar en proyectos que no eran estrictamente de RRHH, aprobé con nota un MBA, hice lo que se llama “carrera” en lo que se había convertido en una de las “big five” del negocio.

Hacia finales del año 2003, andaba yo preocupada porque mi brillante carrera profesional había dado al traste con toda mi vida personal y replanteándome las cosas cuando un “head hunter” llamó a mi puerta (en realidad a mi teléfono). La prueba de que, por muy inteligentes que sean las personas, nadie estamos libres de cometer grandes errores, es que, supongo que porque me apetecía, me creí todo lo que me contaron aquellos señores tan puestos en el mercado del trabajo de lujo, que por entonces estaba en pleno auge. Me vendieron un puesto de socio en una consultora pequeña especializada en proyectos de recursos humanos. Me prometieron una filosofía de equilibrio entre vida personal y vida profesional. Me prometieron una cultura empresarial basada en el respeto a las personas y el cariño. Me prometieron un futuro brillante si hacía bien mi trabajo, y además respetando mi vida familiar, menudo chollo. Cualquiera les decía que no.

Lo que me encontré fue un jefe al que no le gustaba trabajar.

Un jefe que se había aprendido de memoria y de los gurús un discurso que sonaba muy bien, pero que no tenía nada consistente detrás.

Me encontré con un jefe que se creía que podíamos facturar a los clientes cifras astronómicas por auténtico humo.

Que no respetaba ni creía en mi demostrado saber hacer.

Que pretendía inmiscuirse en mi modo de llevar mi vida personal.

Que me inscribió en toda clase de cursos de autoayuda, coaching,  meditación, interiorización y no sé cuántas cosas más por la fuerza en aras de convertirme en mejor persona.

Vaya, resumiendo, me encontré con lo que los especialistas han dado en llamar “mobbing” y yo llamo simplemente engaño y abuso psicológico (hay un componente de necesidad en esto de ganarse la vida que no podemos obviar).

El engaño duró exactamente trece meses. Una servidora no se conformaba a que la trataran de aquel modo y presentaba batalla, así que se produjo lo inevitable: me despidieron.

Esto me puso en la siguiente situación: acababa de traspasar la cuarentena, tenía un buen bagaje de conocimientos y una familia que mantener y había aprendido de forma muy dolorosa que no siempre tus superiores saben lo que hacen y/o son mejores profesionales que tú. Así que se me ocurrió que a lo mejor me podía atrever a lanzarme a trabajar por mi cuenta.

Ahora estamos en el principio, en hace cuatro años. En estos cuatro años han pasado muchas cosas. He trabajado en buenas, malas e incluso infrahumanas condiciones. He ganado poco, nada y en algún momento algo de dinero. He aprendido, error tras error y prueba tras prueba, que ser un buen consultor no es equivalente a ser un buen empresario, y que si quieres convertirte en esto último tienes que mantener los ojos abiertos y el oído fino para observar cómo te rechinan algunos de tus propios comportamientos. Pero creo que ahora me puedo considerar a mí misma una emprendedora de veras, porque sigo aquí, esto ha crecido, tengo un socio en el que confío, no tengo intención de tirar la toalla, y seguimos luchando.

Una de las cosas que me rondan a menudo la cabeza, debido a las aventuras y desventuras de seguir alimentando este sueño casual, es que vivimos en una sociedad en crisis, y no sólo económica, sino también ética y de valores.

Todos los días me enfrento a situaciones en las que tengo que elegir seguir manteniendo mi escala de valores y no venderme a un sistema que hace aguas por todos lados. Todos los días tengo la triste evidencia de que los atorrantes, ignorantes, y gamberros profesionales se han adueñado del sistema socio-económico-profesional.
Y todos los días me niego a dejar de ser quién soy. Por suerte, a mis 45, mantengo la ilusión de que la gente honesta y luchadora acaba por sobrevivir a pesar de todo. Pero reconozco que estoy a menudo sometida a un ejercicio de reflexión para poder convivir con un entorno que no siempre es amable.

En uno de esos momentos andaba yo ayer cuando se me ocurrió que las cosas que veo, las anécdotas que nos ocurren, los obstáculos que salvamos a diario, pueden ser algo interesante para compartir.

Y así es como nace esta serie, que he dado en llamar AVENTURAS DE UN EMPRENDEDOR EN TIEMPOS DE CRISIS ÉTICA Y ECONÓMICA